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LOS CUATRO MOSQUETEROS. Goles de ida y vuelta

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En fútbol, no hay nada comparable a la rivalidad de un Madrid-Barça o un Barça-Madrid. A pesar de River Plate-Boca Juniors, Celtic-Rangers, Ajax-Feyenoord, Manchester United-Liverpool, Inter-Milan, Benfica-Oporto o Partizan-Estrella Roja. Cuando madridistas y culés se enfrentan, el mundo se detiene, no hay noticia más relevante. Medios de comunicación de todos los rincones se vuelcan en el Clásico por antonomasia. Las hostilidades deportivas son enormes. Ganar es una obligación. En el Bernabéu o en el Nou Camp. Los futbolistas sacan lo mejor que llevan dentro, ese plus que siempre anda guardado en algún rincón. Sudan la camiseta como nunca y juran amor eterno a su club.

 

Trasiego de blanco a blaugrana, de blaugrana a blanco

Pero cuando la adrenalina del Clásico se evapora, el futbolista vuelve a ser un profesional en busca de su mejor destino. Por eso, el trasiego de blanco a blaugrana, de blaugrana a blanco, siempre ha estado ahí, desde tiempos remotos. Algunos sacaron un billete exprés, sin escalas. Del Mediterráneo directamente a la meseta se fueron Javier Saviola, que nunca terminó de confirmar las expectativas gran promesa del fútbol planetario, Luis Milla, Nando Muñoz o el alemán Bernd Schuster, que después de terminar contrato en Barcelona, decidió continuar su carrera en la capital, primero con el Real Madrid y luego con el Atlético. Con escalas, también lo hicieron Miquel Soler, tras jugar en el Sánchez Pizjuán o Albert Celades, después de su paso por el Celta de Vigo. En sentido contrario, Giga Hagi, el Maradona de los Cárpatos, aterrizó en El Prat procedente del Brescia italiano, en el que militó dos temporadas; el catalán Dani García y el camerunés Samuel Eto’o lo hicieron desde Mallorca. Robert Prosinecki se fue de Madrid a Oviedo antes de fichar por los blaugrana y Julen Lopetegui defendería la portería del Logroñés tres cursos antes de recalar en el Dream Team de Johan Cruyff.

 

Solo cuatro futbolistas han sido capaces de marcar goles vistiendo la camiseta de Real Madrid CF y el FC Barcelona en un Clásico

 

Unos triunfaron en un equipo y otro. Otros, solo en uno. Algunos, en ninguno. Y luego están los que fueron capaces de marcar con ambos equipos en un Clásico. La aristocracia. En toda la historia de la competición liguera, solo cuatro futbolistas lo han conseguido. Los únicos de una asociación privada con el acceso extremadamente restringido: Ronaldo Luís Nazário de Lima, Luis Figo, Luis Enrique Martínez, y Josep Samitier.

Luis Enrique y Figo

Los cuatro mosqueteros

Después de toda una carrera en el equipo de su ciudad natal, en 1933 Josep Samitier fichó por el Real Madrid, con el que jugó apenas dos temporadas, aunque suficientes para marcar a su exequipo tres goles, por un único gol que como blaugrana había conseguido ante los blancos en trece cursos.

Luis Enrique Martínez, actual seleccionador nacional, saltó directamente al Barça al cabo de cinco exitosas campañas defendiendo la camiseta blanca, con la que marcó el cuarto gol de la histórico 5-0 del 7 de enero de 1995. Con los blaugrana vería la portería contraria hasta en cinco ocasiones.

Ronaldo Luís Nazário de Lima solo estuvo un año en el Nou Camp. Marcó 47 goles -dos al Madrid- en 49 partidos oficiales, y dejó para la historia de siempre el portentoso gol al Compostela. Pero a final de temporada, el Inter tiró de talonario y se fue a Milán, donde militó dos cursos. De allí viajó a Barajas para jugar con los blancos durante cinco campañas, en las que marcó cuatro goles en Clásicos.

Aunque la mudanza más sonada de la historia fue la de Luis Figo -3 goles con la camiseta blaugrana y uno con la blanca-. La sola mención de su nombre continúa alterando el pulso del seguidor barcelonista. El extremo luso había sido uno de los jugadores más emblemáticos de la plantilla. Un ídolo de masas. Pero un ambicioso Florentino Pérez puso sobre la mesa los 10.270 millones de su cláusula de recisión y de un día para otro se lo llevó al Real Madrid como piedra angular de su proyecto “Galáctico”. Pero esta es una historia para contar otro día.