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La reina del atletismo

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La prueba de los 100 metros lisos es la reina absoluta de la velocidad. Es posible que de todas las pruebas de atletismo. Los mejores terminan la carrera en menos de 10 segundos, a una velocidad media cercana a los 38 kilómetros por hora. Alrededor de 45 zancadas al límite más absoluto por un carril de unos escasos 1,22 metros de ancho que no admite el más mínimo error ni el menor titubeo. Detrás de cara carrera hay una ingente cantidad de horas de preparación, de esfuerzo, de sufrimiento. De dietas calculadas al miligramo, de planes de entrenamiento meticulosamente confeccionados.

Intentar rebajar una centésima al cronómetro supone un desafío de dimensiones colosales. Y conseguirlo, un triunfo poco frecuente. A pesar de las mejoras de calidad y prestaciones de las zapatillas, de la profesionalización máxima de los atletas y del avance indiscutible de la medicina deportiva, los récords mundiales de la distancia permanecen inalterados durante mucho tiempo. Desde que se implantó el cronometraje electrónico y la contabilización de las centésimas de segundo (hasta entonces únicamente se medían las décimas) en los Juegos Olímpicos de México 68, únicamente se ha batido el récord del mundo en 12 ocasiones, una cada poco más de cuatro años. Y durante estos 53 años, la marca apenas se ha rebajado en ¡37 centésimas!

Los 9,95 de Jim Hines en México

Considerando el nuevo sistema de medición como el punto de partida de la prueba en la época contemporánea, el norteamericano Jim Hines fue el primer atleta en pulverizar la barrera de los 10 segundos. Paró el crono en unos míticos 9,95. A pesar de ser un corredor solvente que ya había acreditado 9,9 segundos con cronometraje manual en verano de aquel mismo año en los campeonatos americanos disputados en Sacramento, en aquella tarde de otoño de 1968 en el Estadio Olímpico de México Distrito Federal, a 2.248 metros sobre el nivel del mar, con un viento a favor de 0,3 m/s, Hines voló.

 

La era de Carl Lewis

Los 9.95 segundos de México 1968 fueron una de las marcas más longevas del atletismo mundial. Cayeron, pero no sería hasta 15 años más tarde, cuando Calvin Smith, en Colorado Springs, a 2.195 metros de altitud y con un viento a favor de 1,38 m/s lograría una marca de 9.93 segundos. Pasarían otros cuatro años hasta que Carl Lewis, el “Hijo del viento” igualara el tiempo de Smith, y uno más para rebajarlo en una décima. De 1991 a 1996, el récord del mundo fue batido en cuatro ocasiones, por Leroy Burrell (2), Lewis de nuevo y Donovan Bailey. En verano de 1996, Maurice Greene corrió la distancia en 9.79. Y tres años más tarde empezó la era de los jamaicanos, con los 9.77 de Asafa Powell, que él mismo rebajaría en tres centésimas una temporada después.

La dictadura de Usain Bolt

La alegría le duró poco a Powell, porque el 31 de 2008, en Nueva York, su compatriota Usain Bolt, “Lightning” marcaría unos espectaculares 9.72 segundos, que rebajaría a 9,69 cuatro meses después en los Juegos Olímpicos de Pekín. Bolt había llegado para quedarse largo tiempo, como hiciera Hines en su momento. Y lo remató en la final de la prueba del Campeonato del mundo de Atletismo de 2009 disputada en el estadio Olímpico de Berlín, sobre la misma pista donde en 1936 Jesse Owen asombrara al mundo con sus 10.03 segundos. Bolt lo hizo en 9.58. Y hasta hoy nadie ha sido capaz de correr más rápido.